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Artículos | La educación en México

HABLA Summit 2025: un día entero dedicado a la sustentabilidad

Sostenibilidad significa, ante todo, cuidar de quienes somos y del entorno que habitamos. Esto implica comprender cómo podemos desplegar nuestro máximo potencial para construir futuros más justos, inclusivos y conscientes. Así nace el eje de HABLA Summit 2025: Educación y Sostenibilidad, esto fue lo más relevante de este gran evento. 

Desde su origen en 2023, HABLA ha apostado por la premisa de que no podemos pensar en futuro sin hablar de educación. Y hablar de educación es hablar de una experiencia que atraviesa la forma en la que vivimos. Dos años más tarde, después de conversaciones con docentes, estudiantes, activistas, investigadoras, empresarios y padres de familia, decidimos que hablar de educación era hablar de cómo queremos habitar el mundo. Y eso llevó a elegir el tema de sostenibilidad. Sostenibilidad significa, ante todo, cuidar de quienes somos y del entorno que habitamos. Esto implica comprender cómo podemos desplegar nuestro máximo potencial para construir futuros más justos, inclusivos y conscientes. Así nace el eje de HABLA Summit 2025: Educación y Sostenibilidad.

El contexto no es tan alentador: estamos a cinco años del plazo de la Agenda 2030 y, si somos honestos, los números no son optimistas. Hay avances, sí, pero también estancamiento, pesimismo, cansancio y  cierta sensación global de que vamos tarde. Esa urgencia fue el telón de fondo del Summit y en él se propuso un giro: dejar de hablar primero de sistemas y volver a hablar primero de personas. Desde la lógica de People, Planet, Profit, se decidió poner el peso en las dos primeras. Si las personas no están bien, no hay sostenibilidad posible. Si el planeta no está bien, tampoco. HABLA 2025 se planteó como un espacio para hacer mejores preguntas aunque no tengamos todas las respuestas. 

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La apertura: la educación deja de ser discurso y se vuelve un proyecto de “cómo sí” 

La apertura arrancó con Alejandra Carmona y José Felipe Ortega, Co-CEOs de Grupo Educación, platicando cómo la empresa familiar lleva 65 años apostando a que la educación es el principal motor para transformar México. Se retomó la idea de que el conocimiento que no cambia la conducta sirve de poco. Saber no basta. Saber y no hacer, menos.

Programas como Red Aprende y Escuela Socialmente Responsable bajan esta idea a lo concreto: estudiantes que participan en sus comunidades, que entienden el impacto social y ambiental de sus decisiones, que empiezan a verse como agentes reales de cambio.

HABLA Summit aparece dentro de ese ecosistema, no como evento aislado sino como proceso. Dos summits previos. Una investigación del contexto general de la educación en México, siete pilares de acciones urgentes, mesas de expertos, un mapa sistémico y siete puntos palanca, foros temáticos, e investigación con estudiantes y docentes. Esta tercera edición fue posible gracias al apoyo de nuestros aliados, a quienes les agradecemos de corazón haber sido parte de esta aventura. Gracias a Fomento Educacional, UVM, Unitec, Multiva, National Geographic, SM Editores, Instituto Natura, Gandhi y Aeroméxico. 

Educar para la sostenibilidad, se dijo, es formar pensamiento de largo plazo, conciencia social, ética, ciudadanía, salud, diversidad y uso responsable de tecnología. Es cambiar cómo enseñamos, cómo operan las escuelas, cómo se relacionan con la comunidad. Y sobre todo: hacerlo juntos. Sectores público, privado y social, y academia porque la historia ha demostrado, de muchas maneras, que nadie va a poder solo.

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Hablemos de educar agentes de cambio

El Summit empezó con la charla Educar agentes de cambio. Gael Almeida, junto a los exploradores de National Geographic Andrés Cardona y Martín del Río, hablaron de retomar el poder de las historias para que la educación ambiental deje de pasar solo por datos y sea más un asunto de identidad y de experiencia directa con la naturaleza.

Martín propuso cambiar la narrativa del colapso y el “fin del mundo” hacia una mirada que, sin negar la gravedad de la crisis climática, ofrezca historias de esperanza y acción, sobre todo para las nuevas generaciones. Para él, la educación en y con la naturaleza debe estar presente en todos los proyectos, y se construye tanto con cambios personales (consumir menos, reciclar, compostar) como sumándose a iniciativas colectivas y exigiendo líderes políticos que tomen decisiones coherentes.

Andrés, por su parte, habló desde su experiencia en la Amazonía colombiana, donde nació y trabaja. Subrayó la importancia de que las propias comunidades indígenas, mestizas y afrodescendientes cuenten sus historias, y no solo fotógrafos o periodistas externos. A través de Vist Projects impulsa procesos de formación para que jóvenes de la región documenten su cultura, sus territorios y sus luchas, y construyan colectivos de comunicación.

Al final, los tres coincidieron en que la dupla educación–medio ambiente solo tiene futuro si se conecta con la experiencia directa: llevar a niñas, niños y adolescentes al campo, al bosque, a la playa, lejos de las pantallas, porque es esa vivencia la que verdaderamente transforma. 

Andrés cerró recordando que la educación ha acompañado a la humanidad desde el inicio y que allí está la clave para un cambio real en un planeta finito. La esperanza, dijo, está en las nuevas generaciones y en la capacidad de construir otras narrativas y otras formas de estar en el mundo.

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Hablemos de La IA no destruirá la educación; la salvará

La segunda charla del Summit, presentada por Fomento Educacional, A.C., fue de las más esperadas. Salman Khan, fundador de Khan Academy y considerado el “maestro del mundo” por poner la educación al alcance de millones, habló de cómo la tecnología puede explicar contenidos, pero el corazón del aprendizaje está en la motivación, la confianza y el vínculo humano.

Khan enmarca su trabajo en la investigación clásica de Benjamin Bloom sobre tutoría uno a uno, que demuestra que el acompañamiento personalizado puede mejorar de forma drástica el aprendizaje. Khan Academy nació justamente para escalar esa lógica: aprendizaje a ritmo propio, cierre de brechas de conocimiento y avance por dominio, no por horas sentados. Con el tiempo, la plataforma se ha convertido en una especie de red educativa global, permitiendo que estudiantes en contextos extremos —desde países en conflicto hasta comunidades con pocas oportunidades— accedan a educación de alta calidad. Sin embargo, Khan enfatizó en que la tecnología no sustituye al docente; el profesor sigue siendo el motor emocional y motivacional del aprendizaje.

Al hablar de inteligencia artificial, relató cómo, tras conocer modelos tempranos desarrollados por OpenAI, entendió que la Inteligencia Artificial tendría un potencial educativo enorme, pero también riesgos muy graves: desinformación, trampa académica o dependencia cognitiva. Su propuesta fue convertir esos riesgos en diseño pedagógico: desarrollar herramientas que no den respuestas finales, sino que acompañen el razonamiento, hagan preguntas y ayuden a detectar errores, tanto para estudiantes como para docentes.

Más que temer a la IA, Khan propuso rediseñar la educación alrededor de ella: más escritura en aula, uso transparente de herramientas tecnológicas y un cambio hacia modelos basados en competencia real. En su visión, el futuro educativo combinará IA más buenos maestros para personalizar el aprendizaje a gran escala y ampliar el acceso. Aunque reconoció brechas de conectividad, insistió en que un teléfono con internet  puede abrir oportunidades antes impensables. 

La tecnología no es buena ni mala; amplifica la intención humana. La pregunta no es si la IA destruirá la educación, sino quién la usará, para qué y con qué valores. Si se orienta a democratizar el conocimiento, fortalecer a docentes y personalizar el aprendizaje, puede convertirse en una de las herramientas más poderosas para construir sistemas educativos más equitativos y sostenibles.

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Hablemos del ego-sistema al eco-sistema

Esta ponencia fue de las más profundas y estructurales del Summit. No solo por el contenido, sino por quién la encabezó: Otto Scharmer, académico del MIT y creador de la Teoría U, es una de las voces más influyentes para pensar en transformación sistémica, liderazgo y cambio social.

Scharmer propuso un cambio de lente. La humanidad está generando resultados que, colectivamente, nadie quiere —crisis climática, desigualdad, polarización, deterioro de la salud mental— y sin embargo seguimos reproduciendo los mismos patrones que los provocan. Para él, esto no es un problema sólo de políticas públicas, tecnología o economía. Es un problema de conciencia.

Desde ahí, planteó que los sistemas no cambian únicamente desde acciones externas; cambian cuando cambia el lugar interno desde donde las personas actúan. Es decir, cuando cambia la forma en que percibimos la realidad, cómo escuchamos, cómo tomamos decisiones y cómo entendemos nuestra relación con otros y con el planeta.

Scharmer habló de tres grandes fracturas que definen el momento actual:

  • La fractura ecológica: la desconexión entre humanidad y naturaleza.
  • La fractura social: la desconexión entre personas y comunidades.
  • La fractura espiritual: la desconexión con nosotros mismos, con nuestro propósito y nuestro sentido.

Desde su perspectiva, la educación tiene un rol central porque es el espacio donde se puede reconstruir esa conexión. Pero no desde el modelo tradicional de transmisión de conocimiento, sino desde el desarrollo de capacidades internas: atención, intención y acción consciente.

Uno de los conceptos más importantes que desarrolló fue el paso del ego-sistema al eco-sistema. El ego-sistema prioriza interés individual, competencia y resultados de corto plazo. El eco-sistema entiende interdependencia, colaboración y sostenibilidad de largo plazo.

Otro punto fuerte fue su insistencia en la calidad de la escucha. Planteó que la mayoría de los sistemas fallan no porque falte información, sino porque las personas escuchan desde certezas previas, desde la defensa o desde el miedo. Para transformar sistemas, dijo, primero hay que aprender a escuchar para comprender, no para reaccionar.

También habló de la importancia de la pausa, algo contraintuitivo en un mundo obsesionado con la velocidad. La innovación real, según Scharmer, no surge de producir más rápido, sino de crear espacios donde nuevas ideas puedan emerger. Llevado a educación, esto implica escuelas que no solo enseñen a resolver problemas, sino a formular mejores preguntas.

Otto compartió también su idea de que el futuro no es algo que simplemente “va a pasar”. Es algo que está emergiendo a partir de nuestras decisiones colectivas hoy. Y la educación es el lugar donde se decide, en gran medida, qué tipo de futuro será posible.

Quizá lo más potente de su participación fue que no habló desde el optimismo fácil, pero tampoco desde el colapso inevitable. Habló desde la responsabilidad. Desde la idea de que sí estamos en un punto crítico, pero también en un punto de enorme posibilidad de transformación.

“Si queremos cambiar el mundo exterior, necesitamos desarrollar la capacidad de transformar el mundo interior —individual y colectivo—. Y la educación es el espacio donde esa transformación puede empezar a tomar forma real.”

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Hablemos de La voz de los docentes 

En 2025, HABLA realizó en colaboración con la agencia de investigación Lexia, el estudio La Voz de los Docentes, como respuesta al estudio de 2024 “La Voz de los Estudiantes”. Durante el Summit, se presentó un video con los hallazgos principales de este conjunto de entrevistas y grupos de enfoque con docentes de escuelas particulares y públicas de distintos grados en México.

Por su parte, Fundación SM presentó –en alianza con la UNESCO– el Informe Mundial sobre el Personal Docente, un documento que obliga a mirar de frente la deuda que tenemos con nuestros maestros y maestras. Cecilia Espinosa, directora general de Fundación SM, compartió datos relevantes de este documento, mismos que soportan los resultados del estudio La Voz de los Docentes:

  • Para 2030, el mundo necesitará 44 millones de docentes adicionales. La escasez y deserción son desafíos urgentes.
  • Cada vez menos jóvenes eligen ser maestros. Muchos docentes actuales están cerca del retiro
  • En México, muchos docentes costean de su bolsillo materiales y capacitaciones.
  • Los docentes exigen formación útil y concreta, no cursos desconectados de su realidad.
  • Aunque se promete libertad docente, muchos perciben vigilancia excesiva y poco reconocimiento.
  • El reconocimiento social y profesional de los docentes los motiva más que muchos incentivos materiales.
  • La colaboración entre maestros, mentoría y comunidades de aprendizaje mejoran la enseñanza. 
  • Aulas más diversas requieren enfoques inclusivos. Los maestros adaptan materiales ante contenidos cuestionables.
  • Pese a su potencial, muchos docentes no saben cómo usar la inteligencia artificial y tecnología en el aula.
  • La UNESCO recomienda invertir entre 4% y 6% del PIB en educación. Sin recursos, no hay mejora posible. 

Hablemos de Instituciones, poder y el futuro de la educación 

Esta conversación se tornó interesante por su tono político y lo político es siempre controversial. Puso sobre la mesa uno de los temas más incómodos —y decisivos— para el futuro educativo: el poder que determina qué reformas son posibles, cuáles fracasan y cuáles nunca llegan a intentarse.

Para Ben Schneider el factor más determinante en la calidad educativa no es el currículo ni la infraestructura, sino el docente. Pero ahí mismo aparece el mayor obstáculo político. Reformar la carrera docente implica tocar intereses históricos, estructuras sindicales y equilibrios de poder que trascienden lo educativo.

“Si quieres cambiar un sistema educativo, tienes que entender primero quién tiene el poder real dentro de ese sistema.”

Aurelio Nuño habló desde su experiencia dentro de la Secretaría de Educación Pública.  Explicó que el reto es profundamente político y cultural. En México, señaló, el sistema educativo está atravesado por estructuras donde la gobernanza de la educación no siempre responde al interés pedagógico.

“Sin un servicio profesional docente sólido, la calidad educativa siempre va a depender de negociaciones políticas.”

El caso de Chile apareció como ejemplo de que las reformas sí pueden suceder cuando se construyen coaliciones amplias: sociedad civil, academia, sector privado y Estado empujando en la misma dirección. Las reformas educativas no fracasan solo por malas ideas pedagógicas, sino por falta de alianzas políticas y sociales sostenidas.

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Hablemos de Educación y plataformas digitales 

Esta charla partió de algo muy simbólico: los 20 años de YouTube. Lo que nació como una plataforma de video casual terminó convirtiéndose —sin planearlo— en una de las bibliotecas educativas más grandes de la historia humana.

Daniela planteó que el problema no es la duración de los contenidos de video, sino la capacidad de mantener la curiosidad. Explicó que el consumo de formatos cortos muchas veces es puerta de entrada a aprendizajes más profundos; no son el enemigo. El reto real es diseñar trayectorias de aprendizaje, no solo piezas de contenido aisladas.

Uno de los puntos más interesantes fue el cambio en el rol docente. El profesor deja de ser únicamente quien transmite información y se convierte en curador, diseñador de experiencias y mediador de conocimiento. “Las plataformas no sustituyen la educación. La expanden.” 

El aprendizaje ya no es monopolio de la escuela. Es un ecosistema distribuido.

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Hablemos de Educar para la Agenda 2030 

Para empezar con esta plática Dina recordó la definición más simple de sustentabilidad: cuidar los recursos de hoy para que las generaciones futuras puedan disfrutarlos mañana. La sustentabilidad no solo trata de agua, bosques o dinero; también tiene que ver con el tiempo, las emociones y la calidad de nuestras relaciones. Y, sobre todo, con cómo aprendemos.

Contó su propia experiencia escolar: horas sentada, copiando, memorizando, recibiendo dictado… un modelo poco sustentable para la mente y el corazón. De ese aburrimiento nació, hace 18 años, Educación para Compartir con la idea de formar ciudadanía local y global desde la niñez —y a todas las edades—, a través de una metodología de tres pasos: jugar, reflexionar y actuar.

Dina invitó al auditorio a recordar un momento de asombro en la infancia, de esos que encienden la imaginación. A partir de ahí planteó una pregunta ¿Qué tiene que ver la capacidad de asombro con la sustentabilidad? Todo. El asombro es la chispa que enciende la curiosidad. La curiosidad se convierte en interés sostenido. Y ese interés nos lleva a cuidar aquello que nos maravilló.

Para explicarnos la importancia de la colaboración, puso de ejemplo al micelio, esa red subterránea de hongos que conecta y nutre los bosques. Dina explicó cómo el micelio transforma la materia orgánica para alimentar a los árboles, que a su vez le devuelven carbohidratos a través de la fotosíntesis. Una colaboración silenciosa que mantiene viva a la naturaleza. Dina comparó el micelio con lo que ocurre cuando el juego entra en la escuela: convierte los grandes retos globales en experiencias concretas y da a niñas, niños y jóvenes una sensación de agencia: “yo también puedo hacer algo”. 

Si abejas, hongos, algas y árboles sostienen la vida a su manera, ¿cuál es nuestro rol como seres humanos en esta gran red viva? Seguir explorando esa pregunta juntas y juntos, no solo desde la teoría, sino jugando, reflexionando y actuando. Porque educar para la Agenda 2030 es aprender a cuidar —hoy— aquello que nos asombra y nos sostiene.

Después de la charla y con ayuda de Misael, todos creamos un poema para demostrarnos y poner en práctica el poder que tiene la colaboración y la creatividad. 

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Hablemos de El poder de las corporaciones en la educación para la sostenibilidad 

En la segunda parte del día, se llevó a cabo este panel donde la conversación giró en torno a lo siguiente: Sin alianzas reales, la sostenibilidad y la educación no van a dar el salto que necesitan.

Arturo Cherbowski subrayó que durante años el mundo corporativo ha fragmentado esfuerzos por ego, marca o protagonismo, mientras las brechas educativas y sociales siguen creciendo. Desde el lado académico, Ricardo Phillips insistió en que las universidades deben dejar de ver la sustentabilidad, la cultura de paz y la equidad de género como “materias extra” y asumirlas como ejes transversales de formación y de vinculación con las empresas.

En ese contexto se presentó la alianza entre Dalia, Universidad Insurgentes y Banco Santander, que ha becado a miles de mujeres en varios países con un diplomado en liderazgo consciente. Más que enseñar “habilidades duras”, el programa trabaja en la confianza, la gestión emocional, el propósito personal y la capacidad de influencia. El llamado liderazgo femenino entendido no como cuestión de género, sino como un estilo de liderazgo más empático, colaborativo y consciente, necesario para hombres y mujeres.

El panel coincidió en que el mercado laboral y la Inteligencia Artificial están acelerando el cambio: los empleos se transforman, pero ganan peso las competencias humanas perdurables —propósito, pensamiento crítico, colaboración, inteligencia emocional— y las organizaciones que se atrevan a evolucionar sus modelos de negocio, educativos y de liderazgo hacia la sostenibilidad y el bien común.

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Hablemos de Ecos del yo: la transformación individual al servicio del yo colectivo

El penúltimo panel del Summit empezó con el cuerpo. Víctor Saadia pidió al auditorio ponerse de pie, moverse, sacudirse un poco y recordar que no somos solo personas que piensan sobre el mundo, sino personas que lo habitan con todo el cuerpo, con emociones, cansancio, alegría o miedo. Desde ahí, el diálogo se volvió muy personal. Los tres hablaron desde su lugar como padres y desde la pregunta inevitable: ¿Qué mundo estamos ayudando a construir para nuestros hijos? Arnoldo Matus puso sobre la mesa una tensión que muchos sienten: cómo hablar de crisis climática sin generar eco ansiedad, pero sin negar la realidad. Su respuesta ha sido acercar a niñas y niños a la naturaleza —huertos, caminatas, ciencia, tierra en las manos— para que el cuidado nazca del vínculo y no del miedo.

Rodrigo Villar dijo que el cambio no empieza en los grandes discursos, sino en la vida diaria. Desde su experiencia acompañando miles de empresas de impacto desde New Ventures, ha visto que mucha gente sí quiere ayudar al planeta, pero siente que “no le toca”. El cambio también vive en lo pequeño —la cuadra, la escuela, la empresa, la familia— y en cómo vivimos todos los días.

Zadia cerró diciendo que no vamos a ser perfectos —ni como padres, ni como ciudadanos, ni como líderes—, pero sí podemos reparar, volver, intentar de nuevo. Y el panel terminó con la lectura de “Ítaca”, de Constantine P. Cavafy, como recordatorio de que la transformación colectiva no es una meta a la que un día “llegamos”, sino un camino que se construye mientras caminamos.

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Hablemos de El poder de las historias para crear un mundo más humano

En el cierre del Summit vimos a Cristina Rivera Garza en una conversación íntima con nuestro anfitrión Nacho Lozano. Cristina habló desde un lugar muy personal, pero al mismo tiempo profundamente político. Contó que su historia está atravesada por la educación pública —desde la primaria hasta la universidad en la Universidad Nacional Autónoma de México— y que para ella defender la educación es defender la posibilidad de que cualquier persona tenga acceso al conocimiento, a la cultura y a una vida digna. 

Habló de la escritura como un espacio donde no solo entra la cabeza, sino el cuerpo. Explicó que en un taller de escritura lo importante no es aprender fórmulas, sino aprender a escuchar, a mirar el mundo desde otros ojos, a entender que leer y escribir es, por momentos, habitar otra vida. Dijo algo que se quedó muy presente: que las conversaciones que suceden en el aula no están separadas de la vida, son la vida.

Cuando habló de “leer y escribir portándose mal”, hizo una invitación a no aceptar las categorías rígidas de lo que se supone que debe ser la literatura. En su trabajo —desde “Nadie me verá llorar” hasta “El invencible verano de Liliana”— ha mezclado archivo, memoria personal, investigación histórica y narrativa, porque para ella las preguntas importantes no caben en un solo género.

Uno de los momentos más fuertes fue cuando habló del lenguaje y del poder que tiene para nombrar o borrar la realidad. Contó cómo, al traducir un texto sobre el feminicidio de su hermana, la palabra “feminicida” fue cambiada por “killer”. Para ella, esa sustitución no es menor: borrar la palabra es borrar la dimensión estructural de la violencia. Nombrar importa porque hace visible lo que muchas veces se quiere mantener invisible.

También habló del oficio de escribir con mucha honestidad. No romantizó el proceso. Habló de disciplina, de leer muchísimo, de proteger horas de escritura como si fueran territorio sagrado, de escribir casi saliendo del sueño. Sugirió cosas como copiar a mano frases que nos mueven para que el lenguaje pase por el cuerpo y no solo por la cabeza. Y dejó claro algo muy bonito: escribir no es estar solo; quien trabaja con palabras siempre está en diálogo con otros, incluso cuando está en silencio.

En la parte final, cuando alguien del público le preguntó “¿Para ti qué es el amor?” dijo que era complicidad creativa, un proyecto compartido, un acompañamiento y no todas esas violencias del amor romántico que normalizamos y confundimos. 

Cuando le preguntaron qué cambiaría del mundo si pudiera, dijo que hay que desmontar las estructuras patriarcales para que todas las personas puedan vivir vidas plenas, libres, con alegría y en relación con los demás.

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