Aprendizaje a lo largo de la vida
Aprender es mucho más que un proceso intelecutal, implica sentir, habitar el cuerpo, reconocer al otro y pertenecer a una comunidad.
Si hay algo que nos acompaña toda la vida, desde el día en que lloramos por primera vez y en cada etapa, escenario y proceso es el acto de aprender, con esto en mente organizamos un foro titulado Aprendizaje a lo largo de la vida. Realizado en la Universidad Iberoamericana, en él participaron Ximena González Grandón, experta en neuropedagogía y psicopedagogía, Stefano Sartorello, investigador en epistemologías emergentes e interculturalidad y Amira Valle, pionera en educación socioemocional y mindfulness educativo.
¿Cómo aprendemos realmente y qué necesitamos para seguir aprendiendo durante toda la vida? El diálogo partió de la idea de dejar de entender el aprendizaje como un proceso meramente intelectual y se propuso otra forma orgánica que pone en el centro al cuerpo, la emoción y la comunidad como elementos inseparables del conocimiento. Desde la neurociencia hasta las pedagogías ancestrales, las voces del foro coincidieron en que aprender implica sentir, habitar el cuerpo, reconocer al otro y pertenecer.
Uno de los aportes más importantes fue entender que cada etapa de la vida tiene formas distintas de enseñarnos. La infancia aprende a través del juego, el movimiento, la narración y la experiencia sensorial. La adolescencia necesita identidad, vínculo y reconocimiento. La adultez requiere sentido y propósito. Y la vejez, lejos de ser una etapa de cierre, puede convertirse en un espacio de creación, expresión y aprendizaje profundo si existe acompañamiento.
El foro también cuestionó el modelo educativo dominante, profundamente individualista y competitivo. Frente a ello, se recuperaron enfoques decoloniales y saberes de pueblos originarios que entienden el aprendizaje como un proceso colectivo: se aprende en comunidad, con otros, para otros.
Desde esta mirada, la educación no puede separarse del territorio, del cuerpo ni de las relaciones humanas. Aprender implica reconocer emociones, desarrollar empatía, mirar al otro y comprender que formamos parte de un ecosistema más amplio que incluye a las personas, la naturaleza y el entorno. Esta perspectiva cobra especial relevancia en un contexto global marcado por la incertidumbre, la violencia, la crisis ambiental y la polarización social.
No se trata de negar la importancia de las instituciones educativas, su rol, su valor, sino de reconocer que no son las únicas vías para aprender. Incorporar el cuerpo, la experiencia, la comunidad y la diversidad epistemológica es una condición necesaria para una educación verdaderamente transformadora.
En tiempos complejos, la educación puede reproducir un mundo desigual o convertirse en una herramienta para transformarlo. Para ello, es necesario volver a lo esencial: aprender juntos, sentir juntos y sostenernos como comunidad.
Si te interesa ver el foro completo, puedes hacerlo en este enlace.





