La salud mental de niñas, niños y adolescentes en México: una realidad que no podemos ignorar
En México, hablar de salud mental en la infancia y la adolescencia sigue siendo, muchas veces, un tema pendiente. Sin embargo, los datos muestran que se trata de una realidad que afecta a miles de familias y que requiere atención urgente.
Hablar de salud mental en la infancia y la adolescencia sigue siendo, en muchos casos, una conversación pendiente. Sin embargo, las cifras muestran que se trata de un tema urgente que afecta a miles de niñas, niños, adolescentes y a sus familias.
De acuerdo con el informe Salud mental de niñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias para fortalecer sus entornos protectores, publicado por Save The Children, cerca de 145 mil niñas, niños y adolescentes buscaron atención por problemas de salud mental en 2024 en el país. Entre los diagnósticos más frecuentes se encuentran la ansiedad, los trastornos de conducta y la depresión.
En total, se estima que alrededor del 14.4% de la población infantil y adolescente presenta algún problema de salud mental. Esto significa que millones de niñas, niños y jóvenes en México enfrentan dificultades emocionales que, en muchos casos, pasan desapercibidas o no reciben atención oportuna.
Los datos también muestran que ocho de cada diez consultas de salud mental en este grupo de edad están relacionadas con ansiedad, trastornos de conducta o depresión. La ansiedad, en particular, se ha convertido en uno de los problemas más frecuentes entre niñas y adolescentes.
Otro aspecto relevante es la distribución de los servicios de atención. Más de la mitad de las consultas registradas se concentran en solo cinco estados del país: Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Tabasco y Guerrero, lo que refleja desigualdades en el acceso a servicios especializados en otras regiones.
Pero la salud mental en la infancia no puede entenderse únicamente desde lo individual. El informe subraya que el bienestar emocional está profundamente relacionado con las condiciones sociales en las que crecen niñas, niños y adolescentes.
En México, 45.8% de la población menor de 18 años vive en situación de pobreza, lo que implica carencias en aspectos básicos como alimentación, vivienda, educación o acceso a servicios de salud. Estas condiciones generan estrés e incertidumbre que pueden afectar el desarrollo emocional desde edades tempranas.
A esto se suma la exposición a distintos tipos de violencia. El informe señala que 55.5% de niñas, niños y adolescentes ha experimentado disciplina violenta en el hogar, que puede incluir castigos físicos o psicológicos.
En el entorno escolar, la situación tampoco es menor. Alrededor del 28% de estudiantes de entre 12 y 17 años reporta haber vivido acoso escolar, una experiencia que puede tener consecuencias importantes para la salud mental, como ansiedad, depresión o aislamiento social.
La adolescencia, además, es una etapa especialmente sensible. Durante estos años aumentan los riesgos de desarrollar problemas emocionales y también se observa un fenómeno preocupante: la tasa de suicidio en adolescentes se ha duplicado en las últimas dos décadas en México.
La salud mental infantil y adolescente está estrechamente ligada a los entornos en los que crecen niñas, niños y jóvenes. A lo que ven, a lo que escuchan, a lo que sienten y tantas veces no son capaces de poner en palabras, por eso, especialistas coinciden en que atender este problema requiere una mirada integral. Fortalecer a las familias, construir escuelas seguras, reducir la violencia y ampliar el acceso a servicios de salud mental son pasos fundamentales para crear entornos protectores que acompañen el desarrollo emocional de las nuevas generaciones.
Hablar de salud mental en la infancia es algo que como sociedad nos toca hacer, se los debemos y es urgente. Y esto requiere conversaciones en torno a las condiciones sociales, económicas y educativas que influyen en el bienestar de millones de niñas, niños y adolescentes en México.





