PISA 2025: México no tiene piso ni techo
PISA 2025: México no tiene piso ni techo
México empezó a participar en la prueba PISA en la primavera del año 2000, a finales del sexenio de Ernesto Zedillo. Desde entonces han pasado doce secretarios de Educación, cinco presidentes y una presidenta, y varias reformas educativas. En ese cuarto de siglo el sistema no ha logrado consolidar la garantía de que sus estudiantes alcancen los aprendizajes mínimos, de acuerdo con Mexicanos Primero.
La comprensión lectora ilustra bien el patrón. En el año 2000, siete de cada diez estudiantes de 15 años no entendían lo que leían. Para 2006 la proporción había bajado a cuatro de cada diez, un avance enorme en seis años. Desde entonces la cifra no ha vuelto a mejorar. Hoy uno de cada dos sigue sin alcanzar el nivel mínimo de comprensión.
Un salto grande, y luego veinte años sin moverse. Los resultados de 2025 confirman ese patrón y, leídos con calma, dicen algo más específico sobre dónde está el problema.
Lo que midió PISA 2025
Los estudiantes mexicanos de 15 años obtuvieron 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura, 414 en ciencias y 453 en resolución de problemas mediante computación, una competencia que se evaluó por primera vez en esta edición. Los promedios de la OCDE fueron 463, 461, 482 y 500 respectivamente, según el desglose del informe.
Comparado con 2022, matemáticas bajó siete puntos, lectura también disminuyó siete y ciencias subió cuatro. Conviene registrar un matiz técnico que suele perderse: la OCDE aclara que solo la caída en matemáticas es estadísticamente significativa. En lectura y en ciencias, las diferencias caben dentro del margen de incertidumbre de la prueba.
Hay también un dato de contexto. Entre 2015 y 2025 el promedio de los países de la OCDE cayó 14 puntos en lectura y nueve en matemáticas. La caída fue global.
Ni piso ni techo
El hallazgo más duro de esta edición no es la caída de siete puntos. Es la distribución.
En 2025, cuatro de cada diez estudiantes mexicanos quedaron por debajo del nivel básico en las tres materias al mismo tiempo. En los países de la OCDE fueron dos de cada diez, la mitad.
En el extremo opuesto, uno de cada doscientos estudiantes mexicanos alcanzó los niveles más altos de desempeño en al menos una materia. En la OCDE lo logró uno de cada ocho.
Por materia: tres de cada diez estudiantes alcanzan el nivel mínimo de competencia en matemáticas, contra casi siete de cada diez en la OCDE. En lectura y en ciencias lo alcanza la mitad, contra siete de cada diez en el promedio internacional.
Ahí está el problema, y la palabra retroceso no lo describe. México no tiene piso y no tiene techo. Una franja enorme de adolescentes no alcanza lo básico en nada, y casi ninguno llega a lo alto.
El informe agrega un detalle importante. En México, la caída en matemáticas fue impulsada por los estudiantes de mayor desempeño. En lectura ocurrió lo contrario: la pérdida vino de los de menor desempeño. Cuando la distancia entre los mejores y los peores puntajes se acorta, parte de ese acercamiento viene de arriba.
Lo que el sistema sí consiguió
Tres hallazgos de esta edición apuntan en otra dirección y merecen más atención.
El primero es de cobertura. Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE y ponente en la primera edición de HABLA, señala que entre 2015 y 2025 el número de jóvenes de 15 años elegibles para PISA creció mucho más rápido que la población general de esa edad. El sistema está alcanzando a más adolescentes, incluidos los de sectores marginados. Y cuando un sistema se expande, lo habitual es que las desigualdades se profundicen o que los promedios caigan, explica. En México los resultados se sostuvieron. El 11.6% de los estudiantes en situación desfavorecida es considerado académicamente resiliente, y la brecha socioeconómica en ciencias es de 68 puntos, por debajo de los 85 del promedio de la OCDE. Para Schleicher, eso demuestra que una mayor inclusión no tiene por qué pagarse con aprendizaje.
El segundo hallazgo ocurre dentro del salón. El 81% de los estudiantes mexicanos dijo que, en la mayoría de sus clases de ciencias, el profesor muestra interés por el aprendizaje de cada alumno. El 77% dijo que el profesor sigue enseñando hasta que el grupo comprende. Y el 83% dijo que ofrece ayuda adicional cuando la necesitan. Los promedios de la OCDE en esas mismas preguntas fueron 69%, 66% y 73%. En las tres, México está por encima del promedio internacional.
Vale marcar el matiz completo: esas cifras bajaron respecto a 2015, cuando fueron 88%, 80% y 82%. La percepción de apoyo docente se erosionó en una década. Aun así, sigue por arriba de la mayoría de los países evaluados.
El tercero es el que más nos interesa aquí. Schleicher describe a los adolescentes mexicanos como jóvenes curiosos, que quieren aprender cosas nuevas y que perseveran cuando las tareas se complican. Son también más propensos que el promedio a sentir que el tiempo que pasan en la escuela tiene un sentido. Y agrega una frase que vale detenerse a leer: estas “ya no son habilidades blandas al margen de la educación”.
Desde HABLA nos planteamos una pregunta
Si la relación dentro del salón funciona mejor que en el promedio de la OCDE, ¿dónde se está perdiendo el aprendizaje?
Es una pregunta incómoda porque descarta la explicación más fácil. Los adolescentes mexicanos reportan maestros que se interesan, que insisten y que ayudan. Reportan curiosidad y perseverancia. El vínculo está y la disposición también. Lo que no está es el resultado.
Las explicaciones posibles son muchas. Schleicher de la OCDE apunta a una con cautela.
Advierte que aunque no puede afirmarse con certeza, la caída de la lectura por placer y el desplazamiento hacia el formato digital podrían estar reduciendo la capacidad de los adolescentes para comprender textos complejos. Las pantallas y la inteligencia artificial entran en esa conversación. Si el problema pasa por ahí, no es únicamente pedagógico, tiene que ver con atención, con la construcción de hábitos y con otras distracciones contra las que compite un texto largo dentro del día de un adolescente.
De esto vamos a hablar el 29 de octubre en el Polyforum Cultural Siqueiros, en HABLA 2026. Adquiere tus boletos AQUÍ.
La mente está en juego, tenemos que platicar.





